literatura venezolana

de hoy y de siempre

Fermín Toro

Por: Pedro Grases

Nacido Fermín Toro en 1807*, en Caracas o en El Valle, pasa su infancia en este último lugar donde aprende sus primeros conocimientos escolares y de música con el P. Benito Chacín, párroco de la población. Luego, a los diez años, pasa a vivir a la ciudad y ahí prosigue su formación escolar, aunque especialmente se dedica a lecturas formativas. Entra de funcionario en el Departamento de Hacienda y desempeña cargos aduanales en La Guaira y luego en la isla de Margarita, de donde regresa en 1831, como diputado a las Cortes, en las que manifiesta por primera vez las dotes de pensador y de brillante tribuno. Es el comienzo de su vida pública, hasta cierto punto precoz, pues requiere incluso excepción por la edad para ser parlamentario. Aparece ya el meditador de los temas nacionales, el hombre formado que posiblemente deba mucho a personalidades como la de José Luis Ramos.

Desde las primeras manifestaciones parlamentarias de Fermín Toro sobre asuntos de interés general aparecen ya sus ideas claves, dichas con mesura, ponderación y hermosamente, como resultado de sus estudios, lecturas, de la observación atenta e inteligente, y del trato con los mejores. Se anuncia ya uno de los valores más completos en la historia de la cultura nacional.

Rompe sus primeras armas en la prensa, con su mismo nombre o con el seudónimo de «Emiro Kastos» o el de «Jocosías» en El Liberal (1837) y más tarde (1839), junto a Cagigal en el Correo de Caracas. Ejerce el profesorado en el Colegio de la Independencia, fundado por Feliciano Montenegro y Colón, compartido todo ello con el cargo en la secretaría de Hacienda, que había de producirle algunos sinsabores. Los temas de sus primeros escritos son literarios -relatos o artículos de costumbres-, o políticos y didácticos como Los estudios filosóficos en Venezuela, Europa y América o la Cuestión de imprenta.

En 1839, ya con sólido prestigio, es nombrado secretario del doctor Alejo Fortique en la importante misión diplomática que a éste le confía el Gobierno nacional cerca de la Corte inglesa. Va a permanecer Fermín Toro en Londres hasta 1841, y en la ciudad del Támesis perfeccionará sus estudios en el campo de las ciencias, adquirirá otro horizonte en su ideario político-sociológico, y proseguirá su obra literaria. Allí escribe su relato Los Mártires, y probablemente, La Sibila de los Andes. Son años de rica experiencia junto a la fuerte personalidad del doctor Fortique.

Por propia petición regresa a Venezuela a mediados del año 1841, en donde ha de pasar el contratiempo de sustituir a José Luis Ramos en el cargo de Oficial Mayor del Ministerio de Hacienda, lo que habrá sido, indudablemente, causa de mortificación perfectamente comprensible. Vuelve Fermín Toro al puesto de profesor en el Colegio de Montenegro y Colón, y ofrece sus servicios a la Universidad, que pospone la resolución a su solicitud. Reanuda en 1842 la colaboración literaria en las filas de los redactores de El Liceo Venezolano, en cuyas páginas ven la luz pública sus trabajos literarios: «Los Mártires», artículos costumbristas y políticos, así como comentarios a las obras de Baralt y de Codazzi. Y en este mismo año de 1842 es encargado de escribir la Descripción de los honores fúnebres consagrados a los restos del Libertador  Simón Bolívar, que es la pieza más lograda, estilísticamente, salida de su pluma.

Fermín Toro verá consagradas sus dotes diplomáticas con las Misiones que va a encargarle el Gobierno de Venezuela. La primera, a la Nueva Granada, en 1844, como Ministro Plenipotenciario, con el propósito expreso de llegar a un acuerdo sobre la cuestión de límites, gestión que no logró el resultado apetecido; luego a España, en 1846, también como Enviado Extraordinario, misión que se ve coronada con un rotundo éxito al terminar con el reconocimiento de la Independencia de Venezuela. La segunda misión a España fue en 1860, para arreglar el grave asunto de las indemnizaciones reclamadas por los daños ocasionados a súbditos españoles en los comienzos de la guerra federal. Fermín Toro logró un acuerdo decoroso. Lo completó luego con la firma de un tratado de amistad, comercio y navegación entre España y Venezuela.

No abandona sus tareas intelectuales, ni sus afanes de escritor: en 1845 publica su obra mayor: Reflexiones sobre la ley del 10 de abril de 1834, que es todavía un texto que merece la más profunda atención. Artículo como el «5 de Julio», muestra el ideario del sociólogo y del patriota.

Los avatares de la política lo llevan a altos cargos. En 1847 es designado Ministro de Hacienda, por renuncia de José Félix Blanco. La vida de parlamentario de Fermín Toro se ve trunca con la digna actitud adoptada después del suceso del 24 de enero de 1848. No regresa a las Cámaras y se refugia en la vida privada, retirado en el campo, en los Valles de Aragua, ocupado en actividades de estudioso insaciable, durante los diez años del dominio de los Monagas.

En 1858 vuelve a la actividad pública, con la Revolución de Marzo. Es Ministro de Hacienda, y, luego, de Relaciones Exteriores. Hasta que al reunirse la Convención de Valencia en este mismo año, no tan sólo preside, sino que hace oír su verbo elocuente en la expresión, y denso de contenido, aunque la fuerza de los acontecimientos habrá de arrastrar como cosa inútil cuanto manifiesta el gran tribuno. Salvo el servicio diplomático de la segunda misión a España, la presencia de Fermín Toro en la escena política venezolana está concluida. Desde 1860 a 1862 permanece en Europa, y a su regreso apenas publica, en 1863, el Prefacio al Manual de Historia Universal, de Juan Vicente González.

Los últimos años transcurren en su retiro de Aragua, dedicado a investigaciones botánicas, a estudios sobre lenguas indígenas, de las que ha dejado un manuscrito intitulado «Ensayo gramatical sobre el idioma guajiro», que fue utilizado con elogio por un científico como Ernst. Quizás en estos días postreros, Fermín Toro habrá revisado las poesías, a las que había dedicado muchos años de su vida, con más fuerza conceptual que fortuna en la inspiración. Algunos de sus poemas fueron impresos después de fallecido; de otros sabemos su existencia.

Muere Fermín Toro el 22 de diciembre de 1865, víctima de cruel enfermedad. «El último venezolano», lo llama Juan Vicente González, compañero de generación, copartícipe de la misma pasión por el país, al que entregaron lo mejor de sus vidas.

Obra: CRÓNICA Y ENSAYO: Descripción de los honores fúnebres consagrados a los restos del Libertador Simón Bolívar; Discurso inaugural de la Convención Nacional; La doctrina conservadora;  Reflexiones sobre la ley de 10 de abril de 1834; Pedro Gual, 1785-1862. NARRATIVA: Los mártires; Tres relatos y una novela. POESÍA: Obra Poética.

En Biblioteca

Los mártires

Cuento

La viuda de Corinto/Un romántico

*Algunas fuentes ubican su nacimiento en el año 1806 o 1808.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *