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El regreso de Toñito Esparragosa (contado por él mismo)

Julio Garmendia SIENDO PEQUEÑO, muy pequeño, demasiado pequeño para mi edad, me mandaron mis tíos, los tíos que me quedaban (o a quienes les quedaba yo, que fui huérfano de…

El mago de la cara de vidrio

Eduardo Liendo De cómo una rabieta se convierte, dialécticamente, en una memoria de ultratumba Yo, Ceferino Rodríguez Quiñónez, de edad flexible y renuente al control del almanaque, maestro de vocación…

Liubliana (Preludio)

Eduardo Sánchez Rugeles 1 «¡El loco, el loco!», dijo una voz infantil. Los niñitos de la cuadra salieron corriendo. «¡Corre! ¡Corre que ahí viene el loco!», gritaron riéndose, escudándose detrás…

Memorias de Altagracia (fragmentos)

Salvador Garmendia El tiempo de aguas se aparecía de golpe Una mañana, halándome agachado en el jardín, sentía brotar de ceca un olor tamizado y profundo que venía de adentro…

Campeones

Guillermo Meneses Luciano había decidido ver a Pura únicamente los domingos en que Teodoro tuviera que jugar en Caracas; algo como pudor le impedía hacer el más pequeño intento por…

El hombre de hierro

Rufino Blanco Fombona Varios días corrieron y Crispín Luz no hallaba el momento oportuno de abordar al terrible señor Perrín. Aquel diablo de hombre, siempre de apuro, siempre maquinando planes…

Peonía (fragmentos)

Manuel Vicente Romerogarcía III Héteme, pues, caballero en la muleta amarilla, luciendo un liquiliqui de warandol, unas polainas de cuero de caballo y una pava forrada. Gerónimo me seguía en…

El Camino de Ledesma

Eduardo Casanova Sucre Capítulo 1 ¡Válame Dios! ¡Quán feroçes e despiadados son, e demassiados!… pensó mientras sus ojos se perdían en el camino de piedras y cabezas, varias de ellas…

El diario íntimo de Francisca Malabar

Milagros Mata Gil 1990. 17 de Abril A veces me despierto a medianoche, sudorosa y sedienta y entonces no sé, no puedo ubicarme en el momento preciso que estoy viviendo,…

El síndrome de Lisboa (capítulo I)

I. Obertura. Dies irae Un año después de la desaparición de Lisboa, el mundo seguía en el mismo lugar. Los agoreros del desastre tuvieron que resignarse al paso de los…

Julieta

José Urriola De Julieta me gustaba precisamente eso mismo que tanto me preocupaba de ella, su profunda melancolía. Esa manera de arrastrar los pies al caminar, como si le pesara…

Miradas a través de ojos muertos (fragmentos)

Luis Tovías Baciao CAPÍTULO CERO NOTA: Un viernes de un aguacero descomunal llegó a mí el paciente con una mejoría aceptable. Me dio una caja cubierta con una bolsa de…

Cuando quiero llorar no lloro (primera parte)

Miguel Otero Silva Prólogo cristiano con abominables interrupciones de un emperador romano «El historiador perfecto, al propio tiempo que debe poseer suficiente imaginación para dar a sus narraciones interés y…

Cubagua (capítulo I)

Enrique Bernardo Núñez Tierra bella, isla de perlas… En el centro de Margarita La Asunción erige sus paredones de fábricas abandonadas hace mucho tiempo y las tapias blancas de sus…

Ño Pernalete y otras calamidades

Rómulo Gallegos Motivos, que no razones, tenía Mujiquita para querer esconderse bajo el mostrador de su pulpería cuando vio aparecer a Santos Luzardo. Primero, porque aquella amistosa injerencia suya en…

Piedra de mar (fragmento)

Francisco Massiani José me pregunta: —¿Qué estás escribiendo? Y no le respondo. Es difícil escribir y hablar al mismo tiempo. Cuando escribí la pregunta ya José estaba abriendo la puerta.…

Un entierro

Miguel Otero Silva Esa mañana enterraron a Sebastián. El padre Pernía, que tanto afecto le profesó, se había puesto la sotana menos zurcida, la de visitar al Obispo, y el…

Tambor

Rómulo Gallegos Guaruras y carrizos del aborigen vencido se alejaron gimientes hacia las internadas selvas profundas y por la ruta de los ciclones, en las sentinas de los barcos negreros,…