literatura venezolana

de hoy y de siempre

Camelias para Malcolm

Luis José Glod Sánchez

Personajes

Uno y Dos. Intérpretes.

Cira y Merlina. Histriónicas, interpretadas por Uno y Dos.

Contexto escenográfico

La tétrica habitación de una mujer deprimida.

Dos excéntricos parabanes que parecen acordeones delimi­tan el espacio.

En el centro, el cuerpo de un maniquí sin cabeza exhibe un espléndido vestido que se ve costoso.

Hay un pequeño altar con velas encendidas que iluminan una fotografía: la imagen es tan oscura que no se percibe su contenido.

Es de noche. Afuera llueve y ladran los perros, a veces aúllan como lobos.

El público rodea la escena.

Música

“La gatta”, compuesta por Gino Paoli en 1961.

Prólogo

(Uno y Dos están sentados dentro del público).

Uno: Hoy no vamos a hablar de un tema profundo.

Dos: Tampoco queremos jugar con su intelecto.

Uno: Hablaremos de algo común. Algo que le puede pasar a usted…

Dos: A usted… o a usted…

Uno: El caso menos televisado del siglo. Los medios no querían cocinar su contenido. La gente moría ham­breada. Necesitaba consumir desgraciadas.

Dos: La necesidad de información convirtió a la población en zombis. Había callejones donde pagabas para que te dijeran un secreto.

Uno: El precio más alto lo tenía la historia de Malcolm.

Dos: Una mente perturbada enfrentándose a ella misma.

Uno: Dos mujeres y un ramo de camelias blancas.

Dos: Ambas buscaban algo. Pero ahora usted se va a cues­tionar si ellas estaban seguras de qué.

Uno: Todo terminó una noche de septiembre. Pero pudo haber pasado un día cualquiera. De esos días en que usted despierta y tiene la cabeza llena de gusanos.

Dos: La desdicha se apoderó de Cira, una mujer como us­ted. Que lee libros y va al teatro. De esos seres que se cagan el mundo.

Uno: Póngase en esta situación: se encuentra en un buen momento, se siente feliz. Y sorpresivamente uno de los motores de su vida es arrebatado.

Dos: Para la justicia éste ha sido uno de los casos más difíci­les de resolver. Aún quedaron hipótesis abiertas.

Uno: Hoy, por primera vez vamos a contar la verdade­ra historia. Basada en el testimonio de su única sobreviviente.

Dos: Usted conocerá los hechos que ocurrieron en esta té­trica habitación aquella noche de septiembre.

Uno: Cira.

Dos: Merlina.

Uno: Y Malcolm; la verdad que las destruyó.

(El intenso maullido de un gato se cuela desde la calle… Uno y Dos desnudan al maniquí. El espléndido vestido se convierte en dos trajes: la ropa de Cira y Merlina. Dinámicos se esconden tras los parabanes para cambiarse).

1

(Desde un parabán se asoma una mujer de cabello largo. Es Cira, representa elegancia con su traje. Por ahora la interpre­ta Uno. El maniquí está presente. El gato no ha cesado sus maullidos, cada vez se hace menos soportable).

Cira: (Al público) Malcolm se perdió un día de las flores, mi día favorito, iba a pasarlo con él. Desde hace seis meses que estaba preparando un agresivo regalo. Necesitaba comprar camelias blancas. Muy difíciles de conseguir, por cierto. Aún les dicen las flores del contrabando. Era una mañana de ésas en las que tu cabeza bota gusanos, así que fui a la floristería. Me metí en un cuarto lleno de gardenias y artemisias. El olor se me impregnó en el alma y me había quedado sin dinero para el perfume. Al menos no íbamos a oler a muerto. La dueña me entregó el ramo que tan­to había esperado, iba a ser un gran día. Pero la mala racha apareció de nuevo. Unas dalias negras cayeron del cielo. Se habían escapado de sus materos y ate­rrizaron en mi cabeza. Tuve una contusión y pensé en Malcolm. Me levanté casi inconsciente para co­rrer a buscarlo. La señora me ayudó a salir y no qui­so cobrarme el ramo. El golpe de las dalias cubría el pago de las camelias. A las tres de la tarde llegué a la habitación. Merlina fumaba de pie como una dama sofisticada. Su nariz estucada y esos labios a punto de reventar en sangre. A veces ella finge que somos perfectas. Me miró con cara de Ofelia, y el humo de su boca dibujó su mensaje: “No esperes a Malcolm. Creo que no quiere volver más”. Era mentira. Una parte de nosotras lo creía imposible. Pero busqué por todos lados, y sólo encontré el eco de sus maullidos atrapado en un cofre de nácar. Ahora que mi gato se había ido, mi carne estaba expuesta. Siete vidas corrían peligro.

(La risa de Merlina se cuela entre los parabanes).

Cira: (Al maniquí) Merlina, ¿Te acuerdas del día que llegó Malcolm? Te llamé como a los cinco minutos de te­nerlo conmigo para contarte. No entendiste nada, como siempre. Y luego tuve que explicarte detallada­mente que era que me habían regalado un gato. Le puse Malcolm, como… (Hay algo que no quiere decir) Te voy a confesar algo. A veces, pierdo la esperanza de encontrarlo. Pero entonces vienen a mi mente esas fo­tografías oscuras. Donde no se ve nada. Ahí estamos Malcolm y yo. Jugando al gato y al ratón. Él era el ratón, por supuesto. No se siente muy cómodo con interpretar a su especie. Y además tú sabes que él no es un gato cualquiera. Por eso, sé que va a volver. Mal­colm es un como un aristogato. Tal vez fue de paseo y olvidó el camino a casa. Los gatos son tan libres que siempre están perdidos. Ni siquiera entre ellos se han podido encontrar. Yo estoy segura de que Malcolm está a la vuelta de la esquina. Pero hay muchas vueltas de la esquina y en ninguna lo han oído maullar. Eso es algo que me preocupa hasta el hígado. (Los maullidos dejan de escucharse) ¿Merlina me estás escuchando? ¡Otra vez no! Por favor, dime que me estás escuchando.

2

Uno: (Off) Aquí debe haber gente que le gustan los gatos y las flores. A Cira le gusta todo lo que a usted le gusta. Cada vez que llega algo nuevo a su vida, ella cree que va a mejorar, y termina siendo víctima de su propio consuelo. Como esta vez, en esta historia, que segura­mente le pudo haber pasado a usted, o a usted, o quizá a usted.

3

(La habitación sola. Suena la canción “La gatta”. El ma­niquí presente. De atrás de un parabán sale una mujer de cabello excéntrico y vestido opulento, muy sensual. Es Merlina que canta la canción. Merlina es interpretada por Dos).

Merlina: (Al maniquí) “C’era una volta una gatta/ Che ave­va una macchia nera sul muso/ E una vecchia soffitta vicino al mare/ Con una finestra a un passo dal cielo blu/ Se la chitarra suonavo/ La gatta faceva le fusa ed una/ Stellina scendeva vicina, vicina/ Poi mi sorrideva e se ne tornava su/ Ora non abito più là/ Tutto è cam­biato, non abito più là/ Ho una casa bellissima/ Bellis­sima come vuoi tu”. (Interrumpe su canto) ¿Te tortura mi canción? Claro que te estoy escuchando pendeja. Otra vez el cuento del gato. Yo te voy a regalar otro, si tanto lo necesitas. Y si quieres le digo al mismo galán que te lo traiga, finja que te lo regaló, me llamas, me cuentas, yo no entiendo nada, pasa el tiempo, te encariñas, vives tus dramas y lo volvemos a perder. Hacemos eso mis­mo siempre, y a todos los gatos los llamamos Malcolm. Ya sé que vas a decir que soy inhumana. Pero es una buena solución. ¡Gato es gato! Cira, te diré algo. Las mascotas son cosas pasajeras, son seres que la vida te regala para darte unos momentos de felicidad y bueno. Siempre se van. Como todo. Además Malcolm parecía sentirse asfixiado, tenía los cachetes morados y la cola inflamada. Puede ser que esté más feliz libre. Yo voy ayudarte a buscarlo, pero no aseguro que lo encuentres.

Es un gato, puede estar en cualquier lugar. No estés triste. Mira, te voy a contar esa historia que tanto te gusta de cuando conociste a Malcolm… (El ambiente té­trico se transforma: la atmosfera del recuerdo ilumina a Merlina y al maniquí. El humo los envuelve en una imagen onírica: por un momento han escapado de su hostil mundo) El Sol quema­ba con una intensidad brutal las casitas del caluroso pueblo, caminabas de la mano con el tigre Macbeth por las calles enlozadas de pavimento. Llevabas una gardenia en tu cabello. Un galán de porte alto se acercó y te dijo: “Linda, ¿te gustan los gatos?”. (Imita a Cira) “Y las flores”. (Retoma la voz de Merlina) Respondiste estúpida como siempre. El galán abrió su franela y de su pecho salió un gato blanco, que se comió a Macbeth y se paró a tu lado. No viste más al galán, sólo quedaste embelesada por la fiereza del gato que se acababa de comer a tu acompañante. Y decidiste ponerle Malcolm, como… ¿Estás bien? Bueno, sí, ya sé que te gusta más la historia del caballo, pero no la voy a contar.

(Apagón).

4

Dos: (Off) Merlina está segura de que Malcolm no va a aparecer. Es un poco pesimista. Así como usted. Sin embargo promete ayudar a Cira. Pero dígame: ¿usted buscaría a Malcolm en un lugar donde los medios no cocinan nada?

5

(El maniquí presente. Cira entra con un ramo de camelias).

Cira: (Al público) Hoy me desperté esperanzada. Anoche soñé con un gato, creo que era Malcolm. También di­cen que eso trae suerte, espero que venga convertida en gato.

Merlina: (Off) Ya te dije que podemos comprar otro.

Cira: No voy a responder a tus locuras.

Merlina: (Off) Cira, tú sabes que quiero a Malcolm tanto como tú. Pero hay cosas que es mejor no encontrar nunca.

Cira: ¡Cállate!

Merlina: (Off) Buscarlo podría ser peligroso.

Cira: Yo quiero correr el riesgo.

Merlina: (Off) Ya te dije que tienes mi ayuda, pero no me gusta construir muros en terrenos sin relleno. No tie­nes ni una pista de tu gato.

Cira: No quiero tu ayuda, gracias. Yo puedo sola.

(La oscuridad se lleva al maniquí).

Cira: (Escribe una carta) Carta abierta al mundo: Señores del mundo. Cómo ya se ha rumorado en callejones estoy viviendo del deseo de encontrar a mi gato. Han pasado meses y aún no he salido en el periódico. Los medios no han querido cocinar mi desgracia. Si alguien ha visto a Malcolm, por favor comuníquese al 0800MERLINA. Hagan que los rumores de calle sean primeras planas en los periódicos. ¿Qué más debo perder para que me presten atención? Gracias. Con amor, Cira. (Al público) Semanas después de mi petición, recibí la carta de un anónimo. Tenía como firma un beso con bigotes. Creía haber visto a mi gato. Pero yo no entendí, me sentí como Merlina. La carta decía: “Busca en tus fauces hediondas, yo creo que lo vi en las mías”. A pesar de no saber dónde era ese lugar, me metí al baño. Busqué dentro de las cañerías. Pensé que había salido por rumores y había quedado atrapado en el ducto. ¿Y saben que encontré? ¡Mierda! ¡Sólo había mierda! (El actor abruptamente se despoja del vestuario de Cira).

Uno: (Llamando a Dos) ¡No soporto a esta tipa! ¿Quieres hacerla tú?

Dos: Está bien. Toma a Merlina.

(Intercambian los vestuarios, al igual que los personajes y por ende los parabanes. Ambos corren a esconderse tras sus vestidores).

6

Uno: (Off) Cira no abandona las esperanzas. Mucho menos ahora que acaba de recibir un indicio de Malcolm. ¿Cuándo deja usted de buscar las cosas que pierde? ¿Alguna vez ha revisado entre sus fauces hediondas? Bueno, Cira no lo entendió. Usted tampoco tiene que entenderlo.

7

(Dos, ahora es Cira. El maniquí presente. Uno sale interpre­tando a Merlina).

Merlina: Cira, ¿aún estas ahí?

Cira: (Off) Siempre a tu sombra, por desgracia.

Merlina: Sufres demasiado, quizá por eso es que pierdes las cosas.

Cira: (Off) Yo no pierdo nada, las cosas se van solas.

Merlina: ¿Y el día que perdiste la cabeza?

Cira: (Off) Mi cabeza también se fue sola.

Merlina: Deberías buscarla a ella primero, así podrías en­contrar a Malcolm.

Cira: (Off) ¡Ya cállate! Me voy. No puedo soportar tu sarcas­mo. Seguiré repartiendo rumores. Hoy voy a encon­trar a mi gato.

Merlina: Suerte, espero no te pierdas de regreso.

Cira: (Off) ¡Chao!

(El maniquí se disipa en la oscuridad. Merlina se levanta y enciende un cigarro. Toma un teléfono de apariencia escanda­losa para hacer una llamada).

Merlina: ¿Aló? ¿Malcolm?… Sí, sí, yo sé… Ella jamás podría enterarse… Créeme que no se lo va a imaginar… Ella no sabe que me gustan los gatos… Bueno, y no creas que todos los gatos… Tú eres… Tú eres especial… Ya yo le advertí que deje de buscarte… Pero, ¿Y yo?… ¡¿En el cementerio!?… Está bien querido… En menos de lo que maúlles voy a buscarte (Ronronea y maúlla). (Al público) ¿No se dan cuenta de que yo siempre huelo a muerto? Es por eso. Porqué a mí nunca me gusta nada. Y a él le gusta que yo no huelo a gardenias. Ama mi olor a cementerio y adora las camelias. Cira dice que no sabe dónde encontrarlo. Pero muy en el fondo, ella debe sospechar de su paradero. (Suspira emotiva) Yo siempre le bailaba una canción a Malcolm, y Cira se molestaba, porque me decía que estaba seduciendo a su gato. En realidad ahí ni siquiera sabía que me gusta­ban los gatos. Pero un día lo descubrí. Me quedé sola con él aquí en la habitación y vi como allí sentado, no hacía nada, sólo estaba acostado, ronroneando y luchando contra el sueño. Ahí me di cuenta que eso era lo que yo necesitaba, alguien que sólo me escucha­ra, que no hiciera nada, ni siquiera hablara, que sólo me dijera en sus maullidos las pocas cosas que creía necesarias. Y pasé los días mirándolo como loca. La vida se me iba escupiéndole el culo a un poema de Pound (Revienta en una larga carcajada)… Después de su llamada fui al cementerio. Pensé que estaba tan cansa­do de vivir con nosotras que él mismo se había ente­rrado. Y pues era cierto, lo conseguí entre cadáveres humanos. Casi ni podía distinguirle. ¡Qué capricho tan grande el de los humanos de creerse animales! ¿Cómo una persona puede permitir que un gato se entierre en su tumba? Los muertos también deben respetar sus casas. Un golpe congeló mi pensamiento. Las dalias

negras de un matero fúnebre se intentaron escapar y cayeron sobre mi cabeza. Tuve una fractura de cráneo. Pero por suerte, un convoy de zancudos llegó a mi ca­beza y detuvo la hemorragia. Lo vi, lo abracé y le pedí que volviera a casa. Malcolm había conocido el placer de la libertad, ya no quería estar preso. Sin embargo, lo obligué a irse conmigo. Y lo escondí en el único lugar donde Cira jamás lo iba a encontrar.

8

Dos: (Off) ¿Se ha enamorado alguna vez usted de un gato? Yo le aseguro que sí. A Merlina le pasó. A ella no le gusta nada, no le gusta nadie, y sin embargo, le gustó un gato. Un gato que se llamaba Malcolm. ¿Conoce usted alguna persona que se llame Malcolm? Apuesto mis veinticinco dedos a que todos conocemos a al­guien que se llama Malcolm.

9

(El maniquí presente. Cira aún tiene el ramo de camelias).

Cira: Ya había perdido un par de kilos, la cabeza y a Malcolm; ¿qué más tenía que perder? ¿Por qué la vida siempre estaba obligándome a beber del agua derramada? Nue­ve meses en una tortuosa búsqueda y no tenía ninguna respuesta clara. Todo lo que recibía del 0800MERLINA eran falsas alarmas y bromas. Sólo me quedaba la espe­ranza, y ya estaba a punto de anotarla en mi infinita lista de cosas perdidas. Pero un día llego un mensaje. Era una nota de rescate, estaba escrita con pelos de gato. Y decía: “Hola, tenemos a Malcolm. Deja el ramo de camelias mañana en el cementerio, si no quieres que al­morcemos con tu suculento gato”. La firmaba de nuevo el beso con bigotes ¿Esta vez era cierto? ¿Malcolm es­tuvo en mis cañerías y después alguien lo raptó? Llamé a las autoridades para avisarles, pero su prioridad eran las aguas negras y Malcolm era muy blanco para que pudieran ayudarme. Esto era una batalla que tenía que librar yo sola. Quería encontrar a mi gato. Pero también quería darle su regalo. No iba a entregar las camelias. Me había costado el golpe de unas dalias conseguirlas. Sin embargo, iba a salir victoriosa y con Malcolm en mis brazos. Ese día Merlina me ayudó a decidir. Ella se em­peñaba en que entregara el regalo, así me devolverían íntegro al gato. No le hice caso. Tuvimos una pequeña discusión, y ella quemó las sábanas con sus cigarrillos.

(Merlina la acompaña desde la penumbra).

Merlina: (Off) ¡Entrega las malditas flores, estúpida!

Cira: Pasé un año esperando por ellas. Malcolm las necesita, y no voy a encontrarlo para no regalarle nada cuando aparezca.

Merlina: (Off) Cómprale otra cosa, no sé… gardenias, tú siempre le regalabas gardenias.

Cira: ¡No! No puedo tener el mismo olor que un regalo. Malcolm va a sentir náuseas.

Merlina: (Off) Además, ya deben estar viejas.

Cira: Recuerda lo que dicen los zombis: “Las flores de plás­tico nunca se marchitan”.

Merlina: (Off) Entonces no te van a devolver nada.

Cira: Yo voy a enfrentarme a los raptores.

Merlina: (Off) ¿Y ahora eres superCira?

Cira: Sé que es delicado. Pero es la única solución que ten­go. Nunca había estado tan cerca de Malcolm.

Merlina: (Off) Ir a los cementerios es demasiado peligroso, es como si estuvieses buscando a la muerte.

Cira: Ya tomé mi decisión, espero no te entrometas más.

Merlina: (Off) ¡Lárgate entonces! Nos vemos en la morgue, estúpida.

Cira: ¡Chao!

10

Merlina: (Al público) Ella todavía creía que lo iba a encon­trar. No sabía lo jodida que estaba. Yo pensaba que terminaría entregando las camelias. Las necesitaba para Malcolm, debía ser yo quien se las regalara. Y esas malditas flores eran imposibles de comprar. Él siempre buscaba lo prohibido. Bueno, creo que es ob­vio: estaba conmigo.

(El maniquí aparece).

Cira: (Off) Me voy al cementerio.

Merlina: Lleva las camelias.

Cira: (Off) ¡No! No voy a entregar mis flores.

Merlina: Entonces no esperes ver a tu gato.

Cira: (Off) Yo voy a hablar con quien lo tenga. La bondad de los extraños aún existe. Me lo van a entregar.

Merlina: Sigue soñando, Blanche DuBois, vas a salir muer­ta. Lo mejor es que lleves las flores.

Cira: (Off) No. Además están escondidas.

Merlina: ¡No me digas que ya no sabes dónde están! Por eso es que pierdes todo, porque escondes hasta el alma.

Cira: (Off) Las escondí de ti, Merlina. Tú misma dices que no se debe confiar en nadie. Sé que eres capaz de to­marlas y llevársela a los raptores.

Merlina: Que bueno que por una vez me haces caso. Sigue así, y quizá encuentres todo en la vida.

Cira: (Off) Sólo quiero encontrar a mi gato.

Merlina: Entonces entrega las flores.

Cira: (Off) Ya te dije que no.

Merlina: Sigue buscando mejor, debiste hacer caso con to­das las llamadas de advertencia que te hicieron.

Cira: (Off) Todos decían lo mismo: “Los gatos siempre se esconden en el fondo”, “Todas las especies tenemos las mismas entrañas”, “Una vez encontré al mío en el ducto”… ¡Qué poca creatividad para hacer bromas tiene la gente estúpida!

Merlina: Pues me parecen frases muy creativas.

Cira: (Off): Para nada, dan asco. Parecen escritas por ti.

Merlina: Tengo una sonrisa en la cara, ¿sabes por qué? Por­que se va a hacer.

Cira: (Off) ¿Qué se va a hacer?

Merlina: Lo entenderás cuando llegue el momento. Si no entregas las flores, Malcolm estará en Las Bermudas tomando una cuba libre con un semental de veinticin­co años cuando pase. Y tú seguirás buscando.

Cira: (Off) Ya no quiero buscar más. ¡He revisado en todos lados! ¡En el jardín! ¡En la floristería! ¡Hasta en el ce­menterio! ¡En cada rincón de esta maldita habitación! Y lo único que consigo son bolas de pelos.

Merlina: ¿Dónde están las camelias?

Cira: (Off) Siempre las llevo conmigo.

Merlina: Mira, te voy a decir algo…

Cira: (Off) ¡No quiero que me digas nada!

Merlina: Los animales son como personas que…

Cira: (Off) ¡No quiero escucharte, cállate!

Merlina: Es necesario que lo entiendas…

Cira: (Off) ¡Detente! ¡Sólo te burlas de la situación!

Merlina: ¡Yo sé dónde está Malcolm!

(Silencio).

11

(Cira sale furiosa, parece poseída por la rabia. Enfrenta al maniquí).

Cira: ¡Tú sabes dónde está! ¡Dime! Llevo nueve meses bus­cando. Le he preguntado hasta al viento ¿Y sabes qué me dijo? Que todo lo que se esfuma, alguien lo respira. ¿Eso qué quiere decir? ¡Explícame! Nunca entiendes

nada. Como aquella vez que le cantaste una canción a Malcolm. Te dije que no podías hacerlo. Los gatos se enamoran muy fácil, y después ¿qué iba a pensar, que estamos locas? ¿Quién puede entender que somos una sola? Que nacimos juntas y que nadie ha podido separarnos. ¡Sé que por eso él escapó! Le dabas miedo, Merlina. Tu maldad supera a la de Dorangel Vargas. Te quiero cortar la cabeza… (Le arranca un brazo al maniquí).

12

Uno: (Off) Cira ya sabe lo que va a ocurrir, pero no quiere aceptarlo.

Dos: (Off) Merlina le advierte. Cira tiene la decisión.

Uno: (Off) Merlina es cruel, Cira es nerviosa.

Dos: (Off) Nunca dejan de estar juntas.

Uno: (Off) ¿Quién decide por usted? ¿Cira o Merlina?

13

(Se escucha “La gatta”. El maniquí mutilado. Merlina entra destruida: le han quitado su brazo, pero a pesar de ello canta y baila la canción).

Merlina: ¡Escúchala maldita! ¡Sufre! Me dejaste mocha, pe­rra. Y todo por tu maldito gato. Y ahora si te digo algo. Jamás vas a encontrar a Malcolm. Porqué nunca te voy a decir dónde está. (Ríe con locura. Se acerca al maniquí. La canción deja de oírse) Mira, Cira. No te sientas mal.

La solución a nuestros problemas siempre la tenemos nosotras mismas. Tú sabes que a veces tenemos que a avanzar solas. Las mascotas son cosas de paso, pero… ¿Cómo pretendes que ahora podamos avanzar si me acabas de arrancar un brazo? (Le arranca una pierna al maniquí con placer desbordado) Estamos a par. Mi brazo, por tu pierna. Y por cierto: ¿sabes dónde está? ¿Quie­res que te diga dónde está? Me lo comí. Me lo jarté completico. Así que ya podrás imaginarte dónde está tu gato.

14

(La habitación sola).

Uno: (Off) Al final, todos nos hemos comido un gato. No hay razón para juzgar a Merlina.

Dos: (Off) ¿Usted nunca se ha comido un gato? Bueno, si no lo ha hecho, aún tiene tiempo de hacerlo.

15

(El maniquí sin brazo y sin pierna. Cira viene de su parabán mutilada, trae las camelias en sus manos).

Cira: ¿Dices que te lo comiste? ¡Asquerosa! Los animales son para quererlos, no para comérselos. ¡Atrevida! Nunca me he comido ninguna de tus mascotas. Bueno, debe ser porque nunca has tenido una. Ni siquiera eso. ¿Y sabes qué? ¡Yo sabía que a Malcolm no le gustaban las gardenias! ¡Siempre lo supe! Por eso se las regalaba. La solución a nuestros problemas siempre la tenemos nosotras mismas. Tú sabes que a veces tenemos que a avanzar solas. Las mascotas son cosas de paso, pero… ¿Cómo pretendes que ahora podamos avanzar si me acabas de arrancar un brazo? (Le arranca una pierna al maniquí con placer desbordado) Estamos a par. Mi brazo, por tu pierna. Y por cierto: ¿sabes dónde está? ¿Quie­res que te diga dónde está? Me lo comí. Me lo jarté completico. Así que ya podrás imaginarte dónde está tu gato.

14

(La habitación sola).

Uno: (Off) Al final, todos nos hemos comido un gato. No hay razón para juzgar a Merlina.

Dos: (Off) ¿Usted nunca se ha comido un gato? Bueno, si no lo ha hecho, aún tiene tiempo de hacerlo.

15

(El maniquí sin brazo y sin pierna. Cira viene de su parabán mutilada, trae las camelias en sus manos).

Cira: ¿Dices que te lo comiste? ¡Asquerosa! Los animales son para quererlos, no para comérselos. ¡Atrevida! Nunca me he comido ninguna de tus mascotas. Bueno, debe ser porque nunca has tenido una. Ni siquiera eso. ¿Y sabes qué? ¡Yo sabía que a Malcolm no le gustaban las gardenias! ¡Siempre lo supe! Por eso se las regalaba.

¿Te tortura mi canción? Era nuestra favorita, antes de que Malcolm se perdiera… Ay, Cira, creo que te has muerto, como todos los meses. Por eso los gatos son tus animales favoritos. Tienen siete vidas. Mira, traje camelias… Son para Malcolm… ¿Cira?… ¿Cira?

(La habitación desaparece progresivamente junto con la canción).

Final

(Uno y Dos salen despojados de cualquier artilugio. La habi­tación está hecha un desastre. El maniquí descuartizado los acompaña).

Uno: La historia puede parecer simple.

Dos: Pero la justicia nunca pudo resolver el caso completamente.

Uno: Hoy es la primera vez que Merlina acepta su culpabilidad.

Dos: Su argumento para salvarse en la corte fue: “Mi amiga explotó por lo podrido que estaba el gato que se había comido”.

Uno: Fue absuelta de los cargos de homicidio culposo y rapto de un felino.

Dos: Hoy vive tranquilamente con la nueva Cira en un mau­soleo del cementerio municipal.

Uno: ¿Cuánta destrucción se necesita para descubrir una verdad? ¿Se ha destruido usted antes de descubrir una verdad?

Dos: Como muchos dicen, la verdad duele. Pero ¿qué pre­fiere usted? ¿Destruirse o vivir engañado?

Uno: Aunque esta historia no tenga que ver principalmente con la muerte, tenemos que decirles algo.

Dos: Es importante que lo sepan, porque a veces se nos olvida.

Uno: Todos los meses uno de nosotros muere. Todos los días uno de nosotros muere. A toda hora, alguien se muere. Hoy le tocó a Cira.

Dos: Mañana puede ser usted.

Uno: Hace tres meses fue Malcolm.

Dos: Mañana podría ser usted.

Uno: ¿Quién sabe cuándo, Merlina?

Dos: Quizá el mismo día que usted.

(Oscuro total. Cae el telón).

A Malcolm, quien quiera que sea.

Sobre el autor

*Obra ganadora del I Premio Nacional de Literatura Humorística “Aquiles Nazoa”, mención Dramaturgia (2020).

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